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Cultivo

Domando bestias en interior

Por: Soft Secrets, January 19, 2019

author El Cannasseur

El cultivo de plantas de floración larga o híbridos tropicales sigue siendo una asignatura pendiente para la mayoría de cultivadores. Pocos se interesan o atreven a domar a estas bestias salvajes en interior, quedan relegadas a unos pocos apasionados o sibaritas que apenas cultivan híbridos comerciales. Es hora de compartir unas cuantas claves para entender mejor estas genéticas y cómo llevarlas a buen puerto.

Desconocemos la causa por la que, generalmente, poca gente pierde el tiempo o se atreve con plantas de floración muy larga o de gran carga genética tropical. No tenemos muy claro si se trata de una cuestión de gustos, pues parece que en general, los híbridos y plantas de efectos más potentes, pero también sedantes, tienen una mayor aceptación entre los consumidores en la actualidad.

Parece que poca gente busca plantas con un efecto limpio y puramente estimulante, tal vez tenga que ver con los cambios en el estilo de vida o la mala fama de algunas de estas plantas por provocar alguna que otra taquicardia indeseada o demasiada estimulación mental.

Por otro lado, podría tratarse de una cuestión en la que pesa más el lado práctico, ya que este tipo de plantas generalmente son mucho más largas de floración, producen mucho menos y son más tediosas de domar y cultivar, por lo que solo son aptas para apasionados de estas delicatesen. Aunque esto no solamente se da en el cultivo interior, sino también en el exterior, aunque en menor medida.


Antecedentes históricos y actualidad

Si volvemos la mirada hacia atrás en el tiempo recordaremos que, durante los comienzos de la cultura del cannabis, allá por los años 70, la inmensa mayoría de plantas que se cultivaban procedían de hierba de importación de origen tropical. Esto se debe a que la gente obtenía las semillas entre su hierba favorita traída de México, Colombia, Tailandia o Vietnam.

Con el tiempo, los cultivadores se dieron cuenta de que la mayoría de esas plantas no maduraban bien fuera de un invernadero o zonas menos cálidas, ya que las heladas tempranas y otoños fríos tenían un efecto negativo sobre el cuajado final de las flores.

Unos pocos afortunados pudieron obtener semillas de otras regiones como Pakistán, Afganistán, Irán o el Cachemir, bien a través de viajeros o más raramente a través de los escasos lotes de hachís de calidad que podían contener alguna semilla viable, algo poco común. Sin embargo, al cultivarlas se dieron cuenta de que estas plantas maduraban mucho antes y tenían otro tipo de cualidades, como una mayor producción, aromas penetrantes y generalmente potencias también superiores.

Con los primeros cruces realizados por esos pioneros, la mayoría buscaron obtener la calidad de sus plantas favoritas de Tailandia o Colombia en una planta de floración más reducida que pudiese ser cosechada con éxito en sus jardines.

Estos fueron los primeros pasos que sentarían las bases de las variedades modernas y de una intensa hibridación que no ha tenido ya vuelta atrás hasta la actualidad.
Sin embargo, ya en aquellos tiempos surgían los primeros incrédulos y descontentos con la nueva ola. En octubre de 1983 incluso se publicaba un artículo llamado “Indica Madness” en la prestigiosa revista High Times, en donde un columnista habitual abordaba el tema y escribía algunas reflexiones interesantes, preocupado por la plaga de “Indicas” y haciendo un llamamiento a los cultivadores para evitar que se perdiesen las buenas líneas de sinsemilla tradicionales:

“¿Cuándo ha sido la última vez que has tenido una idea creativa u original con una Indica?”

“No puedo permitir ver como la marihuana cultivada en América, antaño un placer y una delicia, se convierte en una droga estúpida. Estoy hablando de las Indicas, estoy hablando de esa plaga olorosa que se ha infiltrado en los semilleros de los cultivadores domésticos, desplazando las Sativas tradicionales con su seductora floración corta y su atracción visual.”

“Pido a los cultivadores por todos los Estados Unidos que dejen de cultivar Indicas o híbridos por una temporada completa, para que los fumadores tengamos una mejor perspectiva de esta plaga de aturdimiento inútil que nos han metido a la fuerza en nuestras cabezas. Estoy haciendo un llamamiento a que dejemos de cultivar Indicas y así poder salvar las Sativas de la destrucción.”

“Este nuevo tipo de Cannabis procede del tipo de plantas que se han usado tradicionalmente para producir el inmensamente potente y anquilosante hachís afgano. Al principio causaron sensación entre los cultivadores y fumadores. No solamente era una hierba potente y aturdidora, también era hermosa, con sus intensos verdes, púrpuras o rojizos brillantes. Con aromas intoxicantes y una potente fragancia cautivadora.”

Domando bestias en interior

Portada de High Times de 1983: “R pide el rechazo a la Indica”.

No cabe duda que, por estos comentarios tan críticos, ya existía un colectivo que se resistía al desplazamiento de las variedades tradicionales con esta nueva gama de plantas comerciales, más rápidas y productivas, pero con un efecto radicalmente opuesto al concepto tradicional de high que siempre había estado asociado a la buena sinsemilla. Con estas nuevas variedades se estaban popularizando nuevas expresiones para describir los efectos de la hierba como inutilizante, paralizante o destructora (stoned, ripped, paralyzed, destroyed).

En más de una ocasión, charlando con cultivadores de la vieja escuela que habían vivido el cambio, reflexionábamos acerca de cómo este cambio en las plantas tal vez podía responder a un evidente cambio en el uso de la misma, así como el estilo de vida de sus consumidores.

Durante los años 60 y 70, el consumo de cannabis prevalecía entre jóvenes inconformistas que buscaban una alternativa al estilo de vida tradicional, y se solapó con los grandes cambios sociales que terminaron con la explosión de mayo del 68.

Entre los adeptos de la subcultura de la marihuana que estaba surgiendo en California en aquellos años teníamos surfistas, artistas, viajeros y otros bohemios que buscaban explorar nuevas perspectivas.

Recordemos que en aquellos años también surgió la cultura psicodélica y de otras sustancias como el LSD o los hongos. El movimiento hippie defendía el uso de drogas recreativas para alcanzar un estado espiritual o de conciencia superior. Todas estas sustancias proporcionaban un estímulo, la activación o intensificación de la percepción y ese caleidoscopio brillante que muchos buscaban para poder observar su vida a través de él.

Sin embargo, los posteriores cambios culturales y de la sociedad occidental, con su sistema de producción en masa, el capitalismo imperante y la revolución tecnológica ocurridos a posteriori, han fomentado un nuevo estilo de vida, en el que las personas se han llegado a convertir en meras piezas alienadas por el sistema productivo. Comúnmente se encuentran sometidas al estrés de un ritmo de trabajo abusivo en todos los sentidos, del que necesitan una vía de escape.

Es en este contexto donde se dispara el uso de fármacos antidepresivos y de sustancias que permitan desconectar, o ese interruptor mágico que permita al individuo evadirse del trabajo o de las distintas presiones cotidianas a las que el ciudadano medio se ve sometido.

Es entonces cuando se imponen todos estos híbridos modernos, de potencias y efectos abrumadores, en los que la sedación y el estupor pasan a formar parte del efecto habitual del cannabis actual, haciendo que el panorama de los clubs de fumadores actuales tenga más reminiscencias con los fumaderos de opio de siglos pasados, que con las antiguas fiestas hippies de los años 70.

Como decía uno de estos viejos cultivadores, la marihuana actual ha pasado de ser un estimulante social a convertirse en un sustituto de la morfina, el Valium o los antidepresivos para muchos usuarios que solamente buscan desconectar y relajarse al volver a casa por la noche, tras una dura jornada.

No hay lugar para plantas estimulantes en este contexto, se busca más bien un tónico que nos permita relajarnos, desconectar y quedarnos postrados en el sofá, dando nombre a esa expresión tan popular cuando se habla de efectos de híbridos modernos, el couch-lock (literalmente, quedarse postrado o anquilosado en el sofá).

Sin embargo, aún hoy en día queda un reducto de cultivadores, una pequeña resistencia formada por consumidores inquietos, artistas, gente que consume para desempeñar actividades al aire libre o que consume por la mañana, en oposición al uso más extendido de la planta o el tradicional y letárgico porro nocturno.

Son aquellos que usan la planta con fines estimulantes y creativos, casi como un sustituto de otras sustancias habituales como el café o similares. Son estos cultivadores los que siguen en busca de su Santo Grial particular, esa planta con el efecto perfecto, lo suficientemente estimulante y limpia, energizante, pero sin bajones, sin pesadez, sin letargia… que proporcione estimulación tanto mental como física, de efectos inquietos, capaz de inducir un estado de alerta total en nuestros sentidos.


Oferta y diversidad actual de variedades de marihuana

Es bastante evidente que la oferta de plantas tropicales o híbridos de floración larga en el mercado es significativamente escasa. Frente a los cientos de compañías de semillas que ofrecen híbridos comerciales o dominados por genéticas procedentes del Hindu Kush, podemos encontrar tal vez media docena de compañías que ofrecen alternativas y plantas tropicales en su catálogo actual.

No sabemos si esto se debe a la falta de la demanda o la mayor dificultad para desarrollar proyectos con este tipo de características. Pero por desgracia, la oferta de “sativas” de la mayoría de compañías de semillas se reduce a un par de híbridos Haze a lo sumo.

Además, si investigamos un poco, comprenderemos que generalmente nos ofrecerán únicamente retazos de sus orígenes Haze, en comparación con una genética 100% tropical o un híbrido de una Haze con otra variedad ecuatorial, como los que ofrecía Sacred Seeds en su primer catálogo: Haze X Sur de la India, Sudáfrica X Haze, Tailandia x Haze, etc. Sin duda cruces de altos vuelos.

Domando bestias en interior

Híbrido de Haze con otra variedad tropical africana.

Después de que las primeras variedades de Afganistán o Pakistán fuesen introducidas en la diversa piscina genética del cannabis de los años 60 y 70, la mayoría de cultivadores dejaron de conservar aquellas tailandesas, mexicanas o colombianas de floración interminable en su forma más pura, contribuyendo junto con las presiones de la prohibición a su casi total desaparición actual.

Desde los años 80, la mayoría de “sativas” del mercado se limitaban a híbridos Haze de segunda o tercera generación, como los introducidos por The Seed Bank y posteriormente Sensi Seeds o Green House en aquellos años: Northern Lights/Haze, Jack Herer, Super Silver Haze, Haze/Skunk, etc.

La mayoría de los esfuerzos siempre se centraban en mejorar la producción y acortar la floración, un objetivo que ya nunca se volvería a revertir. Y desde esos primeros híbridos como NL#5/Haze, Nevils’ Haze o Haze/Skunk, en los que las Haze todavía tenían un peso importante, se dio paso a híbridos mucho más comerciales y diluidos como Jack Herer, Super Silver Haze, Amnesia Haze, C99, Black Domina y otros muchos que han venido posteriormente y han triunfado en muchas “copas sativas”.

En estos eventos, la presencia de Haze se limita a pequeños atisbos enturbiados por la presencia de otras variedades más comerciales. Por esta razón, la mayoría de estas plantas tienen un efecto pesado y de poca calidad para los sibaritas, así como un aspecto y estructura en la que se hace patente la presencia de genes de plantas de hachís.

No cabe duda que estas genéticas ya han dejado de ser auténticas “Sativas” hace mucho tiempo, es un error verlas como tal, han sido mancilladas por “Indicas” hace ya muchas generaciones de forma irreversible.

Esta aproximación histórica al desarrollo de variedades Haze o “Sativas” ha sido fallida. Debido a la falta de diversidad de variedades tropicales, por estar el mercado copado de variedades comerciales, el panorama de crianza actual tampoco es alentador. Hay pocos criadores que trabajen este tipo de plantas, casi siempre lo hacen de manera más clandestina y cerrada, alejados de la industria y las compañías de semillas.

Esto favorece a que tanto oferta como calidad sean limitadas, el consumidor no tiene donde escoger y comparar, por tanto, tampoco conoce ni puede exigir un producto excepcional como ocurre con las variedades comerciales o americanas tan populares hoy en día.

Además, las compañías que trabajan con genéticas tropicales suelen caer en el mismo error. Siempre se tiende a seguir la costumbre histórica de querer domar estas genéticas y aclimatarlas para que más cultivadores las consuman, haciéndolas más comerciales.

En muchos casos se hibridan para buscar mejores producciones, potencias, aromas más comerciales, mejor estructura, etc. Sin embargo, lo interesante sería que los criadores se centrasen en reforzar el carácter único de este tipo de plantas, potenciando efectos de calidad, más amables y siempre dejando de lado factores limitantes como la búsqueda de una planta más comercial, productiva o rápida.

Debemos entender que es un error intentar acortar tiempos de floración o hibridar con genéticas más comerciales este tipo de plantas, pues si bien el sector de cultivadores que consumen este tipo de genéticas es más reducido, son también consumidores más sibaritas que buscan un efecto muy concreto.

Ya tienen asumido que no buscan producción ni plantas rápidas, sino un efecto y una calidad psicoactiva que no pueden encontrar en otro tipo de variedades. Para lo demás, ya disponen de otro tipo de cepas a mano.

También hay que recordar que este tipo de plantas no siempre son adecuadas ni santo de devoción de todo el mundo, tanto por las dificultades de su cultivo como por su efecto.

Generalmente no las recomendaremos a los consumidores que se encuentren incómodos con las taquicardias, el sentirse inquietos o los torrentes de ideas descontroladas en la cabeza. Son variedades ideales para quienes gusten de perder un poco el control y experimentar un viaje diferente.

En estas plantas más que en otras, los efectos actúan como un amplificador o catalizador de nuestros sentimientos y estado anímico. Si tenemos preocupaciones o malos rollos en nuestro subconsciente, van a salir a relucir con toda probabilidad.

Si bien los efectos van a variar mucho de una variedad a otra, es evidente que también tendrán muchos beneficios para determinadas personas o situaciones. En general, los cultivadores y consumidores ya saben el tipo de planta que mejor les funciona o se adapta a su estilo de vida.


Diferencias fundamentales cultivo Indicas y Sativas puras

Cuando observamos un híbrido comercial o una planta de hachís pakistaní al lado de una tailandesa o colombiana, podemos observar varias cosas que saltan a la vista. Por un lado, las diferencias evidentes en la estructura de las plantas y sus características de crecimiento.

Las plantas de hachís proceden de climas áridos con inviernos fríos, por lo que su maduración es relativamente rápida. Las plantas tropicales proceden casi siempre de regiones ecuatoriales, con grandes demandas de luz y calor y una maduración que no se encuentra tan sujeta al fotoperiodo, pues no han de madurar antes de la llegada de las heladas, habituales en las regiones de climas más templados.

Igualmente, su estructura es más compacta, con hojas más anchas que impiden el paso de la luz a las zonas interiores e inferiores. Con las plantas tropicales es totalmente opuesto. La estructura es abierta y desgarbada, con mucho crecimiento tanto lateral como apical, menor densidad foliar y nudos más largos también. Por esta razón, necesitan mucho más espacio para misma o una menor cantidad de flores.

Domando bestias en interior

Estructura desgarbada de una variedad tropical.

Otra clave es la densidad de las flores, ya que las plantas de hachís proceden de regiones áridas, tampoco están adaptadas a la elevada humedad ambiental de las zonas ecuatoriales.

Sus flores son muy compactas y carnosas, mientras que las tropicales tienen flores muy abiertas, que no suelen llegar a compactar, sino que se muestran como un racimo de espigas que van formándose a través del tallo principal. Si bien suelen ser flores con menor cantidad de hoja, la cosecha final de las mismas es muy inferior. No cabe duda que esta fue una de las razones fundamentales para los comienzos de la hibridación.

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Cogollo formado por pequeñas espigas.

La mayoría de híbridos comerciales o plantas de hachís responden y comienzan a florecer cuando las noches empiezan a crecer hasta 11 o 12 horas, están bien adaptados a ello.

Sin embargo, en las regiones ecuatoriales, el día siempre se mueve entre las 11 y 13 horas, por lo que muchas plantas seguirán creciendo si empleamos con ellas el fotoperiodo habitual de 12h de luz y 12h de oscuridad.

No son plantas aclimatadas al cultivo en interior, no han sido domadas todavía. Por esta razón, es recomendable siempre usar un fotoperiodo 11h luz/13h noche con este tipo de plantas, lo más similar posible al natural.

Debido a que las plantas tropicales suelen tener un tiempo de floración muy superior, trataremos de ir acortando paulatinamente las horas de luz mes a mes, siempre partiendo de esquejes para ganar unas pocas semanas de floración.

Debemos tener en cuenta que estas plantas suelen moverse entre los 100 y los 200 días, por tanto, tendremos las plantas floreciendo entre 3-4 meses y medio año hasta su cosecha final.

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Aspecto de una planta tropical tras dos meses de floración, todavía queda bastante.

Otra diferencia notable es el crecimiento de estas variedades, así como sus necesidades de nutrientes. Las plantas tropicales no toleran los abonados fuertes ni los sustratos muy enriquecidos. Su gran vigor natural les permite alcanzar tamaños exagerados en macetas muy pequeñas, aprovechan mucho mejor los nutrientes y generan mayor cantidad de materia vegetal por espacio o nutrientes.

Esto puede ser algo estupendo o también convertirse una pesadilla para aquellos con espacio más limitado, haciendo que domar estas plantas para conseguir contenerlas en un armario de cultivo medio sea una tarea ardua y poco recomendada para los faltos de paciencia.
Cuando florecen estas plantas también se estiran muchísimo más, muchas veces aumentando su tamaño más de tres o cuatro veces desde el inicio de la pre-floración. Este es el motivo por el que la mayoría de esfuerzos para domarlas se centrarán en el control de altura, raíces, nutrientes, doblados, podas, etc… contener para ganar.

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Esqueje desmadrándose en el armario por confiarnos demasiado.

Adaptando el cultivo a Sativas

Por los motivos que acabamos de citar, muchas veces usaremos contenedores o macetas de tamaños ridículos en comparación con las habituales. Con dos o tres litros será más que suficiente para plantas de semilla. Usando a veces un litro o incluso menos si se trata de florecer esquejes pre-seleccionados.

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Esquejes recién trasplantados y tras su entutorado.

Los motivos son que siempre buscaremos restringir el espacio de raíces todo lo que podamos. Si la planta tiene espacio para que sus raíces sigan creciendo, no conseguiremos detener el crecimiento de la misma. Normalmente, la parte de la planta que podemos ver es un reflejo del sistema radicular que se oculta bajo el sustrato.

Es posible hacer algún trasplante una vez pasado el período de prefloración y estiramiento, pero no antes. Sino corremos el riesgo de hacer que la planta se descontrole y su crecimiento estalle de forma incontrolable.

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Otro esqueje que ha sido florecido en un pequeño vaso plástico.

En cuanto a las necesidades lumínicas, siempre debemos tratar de usar la mayor potencia posible, ya que es como mejor se desarrollan. Un truco interesante es usar luminarias con un espectro ligeramente más azulado, para contener el estirón un poco más.

Es habitual usar luz de crecimiento (halogenuro metálico o cerámico) durante las primeras semanas o el primer mes y luego cambiar a luz normal de floración más rojiza (sodio, led), de forma que la distancia internodal sea ligeramente inferior que de otro modo.

Técnicas interesantes

La mayoría de técnicas específicas se destinarán a buscar el control del crecimiento, tanto en altura como el lateral. Para esto podemos hacer uso de las podas, el doblado, el alambrado de ramas y cualquier otra técnica que se os ocurra.

La poda nos permitirá seleccionar la altura y el número de yemas o flores con los que queremos trabajar. Podemos usar la poda para eliminar yemas laterales, pero también para modelar la planta a nuestro antojo.

Una opción es hacer una poda apical a la altura que nos convenga y a partir de ahí, ir podando también todas las nuevas yemas, hasta llegar a las 4 u 8 yemas finales que floreceremos.

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Poda temprana, selección de dos yemas.

El alambrado es una técnica inspirada en el mundo del cultivo del bonsái. Para permitirnos doblar los tallos de la planta sin llegar a la rotura, a la vez que proporcionado un sustento o soporte para tallos finos y formas imposibles.

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Técnica de alambrado, estilo bonsái.

Generalmente estas plantas responden muy bien a todas estas técnicas con buen crecimiento de nuevas yemas y ramas laterales. Debemos pensar en la técnica del SCROG y sus consecuencias y beneficios. Aunque no siempre será viable usar macetas grandes y una malla por los motivos que hemos citado anteriormente y las limitaciones de espacio, ya que esta técnica u otras como LST favorecen el crecimiento horizontal y la necesidad de mayor espacio.

Otras técnicas interesantes podrían consistir en el cultivo de alta densidad tipo SOG. Sin embargo, dado que estas plantas son muy dadas a ramificar mucho, debemos controlar mediante las podas de las ramas laterales y mantener las plantas en alta densidad, para focalizar el desarrollo en las puntas centrales.

Al final, obtendremos un SOG con una altura mucho mayor, pero también nos permitirá finalizar con una buena cosecha de grandes colas, si llevamos el cultivo a buen puerto.

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Técnica de cultivo en alta densidad.

Para esta técnica es adecuado usar macetas bastante pequeñas, si son altas y estrechas, todavía será más positivo, ya que nos permitirá una densidad mayor y olvidarnos del crecimiento lateral. Eso sí, a menor maceta, menos nutrientes, por lo que necesitaremos regar o abonar con mucha frecuencia.

En estos casos, muchos cultivadores optan por un sistema semi-hidropónico, usando riego por inmersión en bandejas o sino un cultivo en coco. Debemos recordar que este tipo de plantas son muy sensibles a los nutrientes, por lo que tendremos que huir de fertilizantes altos en nitrógeno y partir siempre de soluciones con una EC muy baja. En general, tendremos problemas a partir de 0,8 EC.

Estas genéticas sin duda responden mejor a sustratos orgánicos, bien enriquecidos con humus, guano, compost, etc… No están preparadas para alimentarse de fertilizantes tan concentrados como los que solemos usar para nuestros híbridos habituales.
Debemos estar pendientes de cualquier señal de empacho como hojas en garra, puntas quemadas, etc. En ese caso, no queda otra solución que lavar y comenzar de nuevo ajustando más las dosis.

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Planta mostrando excesos de nutrientes y puntas quemadas.

Finalizando el cultivo

Con paciencia y buenas atenciones podremos llevar el cultivo de forma adecuada mes a mes. Cuando las plantas se acercan al fin de la floración, es aconsejable ir cortando los nutrientes bastante, ya que sino favoreceremos nuevas re-floraciones o incluso espigamiento de las flores, re-vegetación, etc.

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Flores muy espigadas, en este caso la variedad es proclive a ello.

Con estas plantas hay que cortar por lo sano, si la planta siente que todavía quedan alimentos, seguirá creciendo y nunca llegará a madurar en condiciones ni formar buenas flores. Más que por tiempo, maduran por falta de nutrientes y espacio para sus raíces. No hay que alarmarse por que la planta amarillee un poco, es más, es algo casi siempre preferible.

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Planta a mitad de floración y mostrando ya carencias de nitrógeno.

En cuanto al cosechado de las mismas, debemos tener en cuenta que los patrones de floración y maduración son un poco distintos a los híbridos. En principio la planta madura de forma gradual y no es algo tan estricto en cuanto a días o semanas de floración. Mientras les demos comida, nuevas brácteas y pistilos se formarán. Por lo que no es una buena idea guiarse por el color de los pistilos, como podemos hacer con otras genéticas. Al final lo mejor es ir conociendo las plantas y el punto que más nos gusta.

Las plantas tropicales tienen otra ventaja y particularidad interesante. Generalmente, su perfil químico es ligeramente diferente al de los híbridos o plantas de hachís. Mientras en las tropicales predominan los sesquiterpenos, en los híbridos predominan los monoterpenos más comunes como limoneno, mirceno, etc. Esto también les da un olor más atractivo frente a las tropicales, más especiadas o amaderadas y discretas.

Estos compuestos monoterpenos son mucho más livianos desde el punto de vista químico, por esta razón son más delicados y se degradan mucho antes con el calor, al final de la maduración de las plantas y tras su cosechado y secado. Digamos que el cultivo y procesado de los híbridos es una carrera para retener la mayor cantidad de terpenos posible respecto a la planta viva.

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Al fin la recompensa tras meses de trabajo.

Con las plantas tropicales esto no pasa, ya que los sesquiterpenos aguantan más el calor y el almacenamiento. De hecho, si analizamos cualquier cogollo viejo, nos daremos cuenta de que la mayoría de monoterpenos han desaparecido por completo, mientras que prevalecen los sesquiterpenos.

Esto es también lo que permite que las plantas tropicales proporcionen hierba con una vida más larga, pues aguantan más tiempo de almacenamiento sin cambiar tanto su perfil aromático como las características de su efecto.

El almacenado o curado a largo plazo no les afecta tanto. Envejecen bien, como los buenos vinos, mientras que los híbridos normalmente tienen más calidad cuando se consume más jóvenes e intactos.

Esperamos que con estos pequeños consejos podáis al fin domar esas plantas alocadas que siempre os ha apetecido cultivar, para poder disfrutar así de nuevas variedades con un carácter y efecto que no tiene nada que ver con las plantas comerciales más comunes.

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